Historias del bosque

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La Luz del bosque (Mónica Leal Gallardo)



Hace mucho, mucho tiempo...cuando en América aun no existían fronteras, en un hermoso valle al pie de un volcán, vivía Inken, una niñita de raza Mapuche. Quiso el destino que Inken fuese la menor de 9 hermanos y que sus 8 hermanos mayores fueran hombres. Inken veía con envidia como ellos salían a cazar, entrenaban para la guerra o realizaban largos viajes para intercambiar sus productos con las lejanas tribus de la costa o del otro lado de las altas montañas...incluso a veces llegó a pensar que había tenido la mala suerte de ser mujer. Inken crecía, sintiendo que el tiempo pasaba muy lentamente. Su madre le enseñaba las viejas artes de cocinar, hilar y tejer y su abuela le contaba historias sobre los espíritus que vivían en los bosques o el gran Dios que habitaba dentro del volcán. En una ocasión sus hermanos mayores regresaron de un largo viaje y trajeron hermosas conchas marinas las cuales regalaron a su madre. ¡Inken deseaba tanto tener algo hermoso para poder regalarle también! Esa noche no conseguía dormir. La luna llena brillaba en lo alto del cielo cuando miró por una ventana. En eso...algo atrajo su atención...Era una luz muy brillante que centelleaba en medio de un bosque cercano. Ella pensó...será alguna joya extraviada allí por alguno de los espíritus del bosque? Rápidamente se levantó decidida a salir sin hacer ruido. La noche estaba muy clara, así que podía ver claramente la silueta de los arbustos y troncos que habían en el suelo. Sus pies descalzos se mojaron con el rocío, mas ella no sentía frío alguno, solo una gran emoción al pensar en la alegría que le daría a su madre con tan hermoso regalo. Caminó por un rato, acercándose al bosque con la mirada fija en aquella hermosa luz. Al entrar en él, algunas ramas rasguñaron su rostro, pero nada le importaba, ningún dolor sentía. Cuando estuvo a un par de metros del blanco destello, apartó con ambas manos los arbustos y quedó paralizada... Lo que había allí era solo una laguna que se había formado con las lluvias recientes y que reflejaba la luna llena. Lentamente se acercó hasta que sus pies tocaron el agua. Diminutas lágrimas rodaron por sus mejillas y el dolor partía su corazón. De pronto, escuchó un extraño ruido, como si algo se acercara. Hojas secas crujían bajo el peso de algo que se movía en el bosque...¿sería algún animal salvaje?...o tal vez los espíritus... Presa del pánico Inken comenzó a correr por el bosque sin dirección alguna. Las ramas de los árboles azotaban su frágil cuerpecito y sus piernas sangraban sin que ella lo notara...¡Tan solo quería salir de ahí! En aquellos momentos la imagen de su madre vino a su mente, el ruido estaba cada vez más cerca...hojas secas se arremolinaron a su alrededor y al verse perdida, su miedo fue tal que se desmayó. En medio de un sueño, como si flotara entre nubes, volvió a ver la imagen de su madre, escuchó la melodía de una antigua canción de cuna que ella siempre le cantaba e incluso llegó a sentir sus caricias... A la distancia le pareció oír que su madre decía: -¡Espíritus del bosque, no se lleven a mi hijita que es el mayor tesoro que tengo! Poco a poco y con esfuerzo Inken abrió sus ojos, estaba tendida sobre un lecho de hojas y su madre acariciaba su rostro. Era increíble como esas manos, sin ser suaves, podían ser tan dulces! Los hermanos de Inken también estaba a su alrededor. Uno de ellos la había visto salir y dirigirse al bosque... Al día siguiente Inken no quería levantarse... se sentía muy avergonzada. Su madre se acercó a su lecho y se sentó a su lado en silencio. Había en su mirada tanto, tanto amor, que Inken comprendió que no necesitaba valiosos regalos para ser amada por su madre y que lo que la hacía tan especial a sus ojos era precisamente que ella era mujer!

El Hada y la Sombra


Hace mucho, mucho tiempo, antes de que los hombres y sus ciudades llenaran la tierra, antes incluso de que muchas cosas tuvieran un nombre, existía un lugar misterioso custodiado por el hada del lago. Justa y generosa, todos sus vasallos siempre estaban dispuestos a servirle. Y cuando unos malvados seres amenazaron el lago y sus bosques, muchos se unieron al hada cuando les pidió que la acompañaran en un peligroso viaje a través de ríos, pantanos y desiertos en busca de la Piedra de Cristal, la única salvación posible para todos.



El hada advirtió de los peligros y dificultades, de lo difícil que sería aguantar todo el viaje, pero ninguno se asustó. Todos prometieron acompañarla hasta donde hiciera falta, y aquel mismo día, el hada y sus 50 más leales vasallos comenzaron el viaje. El camino fue aún más terrible y duro que lo había anunciado el hada. Se enfrentaron a bestias terribles, caminaron día y noche y vagaron perdidos por el desierto sufriendo el hambre y la sed. Ante tantas adversidades muchos se desanimaron y terminaron por abandonar el viaje a medio camino, hasta que sólo quedó uno, llamado Sombra. No era el más valiente, ni el mejor luchador, ni siquiera el más listo o divertido, pero continuó junto al hada hasta el final. Cuando ésta le preguntaba que por qué no abandonaba como los demás, Sombra respondía siempre lo mismo "Os dije que os acompañaría a pesar de las dificultades, y éso es lo que hago. No voy a dar media vuelta sólo porque haya sido verdad que iba a ser duro".



Gracias a su leal Sombra pudo el hada por fin encontrar la Piedra de Cristal, pero el monstruoso Guardián de la piedra no estaba dispuesto a entregársela. Entonces Sombra, en un último gesto de lealtad, se ofreció a cambio de la piedra quedándose al servicio del Guardián por el resto de sus días...
La poderosa magia de la Piedra de Cristal permitió al hada regresar al lago y expulsar a los seres malvados, pero cada noche lloraba la ausencia de su fiel Sombra, pues de aquel firme y generoso compromiso surgió un amor más fuerte que ningún otro. Y en su recuerdo, queriendo mostrar a todos el valor de la lealtad y el compromiso, regaló a cada ser de la tierra su propia sombra durante el día; pero al llegar la noche, todas las sombras acuden el lago, donde consuelan y acompañan a su triste hada.

La llegada del gigante



¡Patapufete! ¡pum! ¡Patapufete! ¿Saben que son estos ruidos? Son los ruidos de un gigante al caminar, ¡patapufete! Cuando alza un pie, Pum!, cuando lo apoya en el suelo, crarc!, cuando hace pedazos un árbol o una cabaña. En una hermosa mañana de cielo muy azul, con una brisa ligera, que trae perfume de flores abiertas y de hierbas nuevas. Una mañana como tantas… ¡ah! No como tantas, no a escuchado jamás, en realidad este ruido extraño que se oye ahora, que sopla y que no sopla, una ráfaga de viento hacia adelante, otra hacia atrás… ¿es posible? El primero en darse cuenta de este extraño ruido es el gnomo cebollita, apenas sale de la aldea., ¿Qué extraño ruido es este?, se pregunta cuando pasa cerca de la fuente. Recorre más o menos 20 pasos…

Y se para estupefacto, abre los ojos los cierra, los vuelve abrir., piensa ¡estoy soñando!, ¡quizás estoy todavía adormecido! Se refriega los ojos para asegurarse que no esta durmiendo. ¡aaaaaaaaaaaaaaaa! Comienza a gritar, con las piernas temblando, y con las rodillas que parecen haberse vuelto flojas. ¡Aaaaaaaaaaaaaaa! Se da vuelta y comienza a correr hacia la aldea ¡aaaaalarma!, ¡Aaaaalarma! Un gigante se abre una ventan, después otra: ¿un gigante? Ssssssssssssi!! Al final de la aldea grita escapando cebollita.

Los gnomos en la aldea corren de aquí para allá, van de derecha a izquierda, se chocan unos contra otros, escapan, vuelven…

El gigante les dice: soy barba roja un gigante y me gustaría saber si podrían ayudarme? Tengo un dolor de muela que no me deja estar en paz…

Y eso me vuelve malo!!

A mi pequeño le encantan estos cuentos, cuentos que si prestamos atención nos dejan ver situaciones de la vida cotidiana que atravesamos diarimente, de manera muy particular a mi me permite entender el pequeño mundo en el que se desenvuelve mi hijo, que a su vez se vuelve tan grande.

La floresta de los gnomos



¡Mira! ¿Que es eso que se ve allí en la orilla del rio? ¡Vaya! Es una ardilla., ¡pobrecita! Parece que se a ahogado. Son dos gnomos que están hablando y ahora y ahora corren sobre el rio donde yace la ardilla, con su blanca pancita hacia arriba y toda empapada. Los gnomos se inclinan sobre ella y uno le pone la mano en el corazón.

¡No esta ahogada!, exclama. ¡Pronto! Hay que hacerle respiración artificial.

La pareja de gnomos empieza a hacer revivir a la ardilla. Uno de ellos le mueve los brazos (las patas delanteras por supuesto) arriba y abajo, mientras que el otro le hace masajes en el corazón. Siguen haciéndolo durante un rato hasta que la ardilla comienza a emitir un sonido: ¡glú!, ¡glú!, ¡glú!, y abre los ojos. ¡Bravo! Gritan los gnomos, ¡lo conseguimos! La ardilla sacude la cabeza. ¿Quiénes son ustedes con esas barbas y con esos gorros rojos? “somos los gnomos” replican.

“vivimos aquí, en el extremo mas grande del bosque” ¿de donde vienes? Nunca te hemos visto antes. ¡Oh! Queridos gnomos, sean buenos y ayuden a mis amigos, ¿tus amigos? Y ¿quienes son? La ardilla describe todos los habitantes del bosque, salieron parar alcanzar lo mas alto de la floresta y de este modo, poder escapar de la terrible inundación “me enviaron adelante” continúa “para explorar pero mi bote se volteo en una hondonada y si no hubieran venido ustedes brrr! Tiemblo solo de pensar.

Los gnomos al ver en problemas a los pequeños animalitos del bosque, corrieron a ayudar, trajeron botes y poco a poco los habitantes del bosque van subiendo a los demás botes con los demás gnomos, estos al ver la ayuda, dan saltos de felicidad pronto tocaran tierra y estarán en su nuevo hogar.

La Fiesta de verano



¡Ah! ¡La fiesta de verano! A ninguno delos habitantes del bosque le gustaría perderla. ¡La fiesta de verano en la cual el ratón negro dirige la orquesta del abejorro, el grillo y la langosta con la cigarra solista en la guitarra!

La fiesta del verano, bajo un cielo estrellado sin nubes, cuando el aire es tibio y perfumado, y hay un barril lleno hasta el borde de dulce jarabe de frambuesa. ¿Faltar a esa alegre fiesta? ¡ ni por broma! Todos fueron a la fiesta, pero esta vez había un extraño: la rana. Nadie sabia quién era de dónde venía, ni a dónde iba, pero de todas maneras le dieron la bienvenida.la musaraña le dijo: “Ya lo vez, ahora que la banda a tocado la canción del panqueque, empieza el baile.” “¿Que tiene que ver el panqueque con la fiesta?” “no lo se, nadie lo sabe, ¿y a quién le interesa saberlo, de todos modos? Nada mas es una canción que nos gusta.”

Este, por supuesto, es el secreto de los habitantes del bosque: no hacerse nunca demasiadas preguntas. La vida por si misma es bastante complicada. ¿Para que complicarla más? El tejón, calendario en mano, señala que el día de verano es mañana no hoy. ¿Saben que le contestaron los cachorros del oso y el zorro? ¡Oh tejón! ¡Que importa eso! ¡Una fiesta se puede hacer cualquier día!

Ahora han empezado a bailar. La rana a pedido a la urraca que la acompañe. “¡oh gracias! Tenia tanto miedo de que me invitara el erizo, ya te puedes imaginar… con todos esos pinchos”.

El puerco espín invita a la conejita a bailar., la ardilla se ocupa de la bebida de frambuesa, la rata de agua ofrece los pasteles, y por todas partes hay gran admiración y bullicio y murmullos de conversaciones. La banda sigue tocando y todo el mundo es feliz.

No es difícil ser feliz en el bosque en tanto el hombre con sus detestables ideas acerca de la caza, la pesca, los pesticidas y las trampas es mantengan bien lejos.

Historias Del Bosque


Historias Del Bosque
Tome la decisión de plasmar en esta pagina uno de los momentos más importantes que para mí tiene el día:
La hora en que mi pequeño me pide que tome su libro favorito y le cuente una historia, de hay el titulo de mi pagina, con el único fin de recordar ese momento especial del día y dar a los que no tienen idea de como contar, pues la idea!